El cine es el medio de comunicación que es capaz de analizar, visualizar y espacializar los usos de una ciudad, las prácticas, las producciones, las construcciones, las conformaciones, las apropiaciones y las identidades   (Becerra Vanegas, 2012)

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INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia el cine ha retratado numerosos lugares y ciudades, permitiendo al espectador adentrarse en ellos y descubrir lo que esconden sin necesidad de trasladarse hasta allí. Pero sin duda, si hay una ciudad a la que podría considerarse cinematográfica, esa es Nueva York. Cuando pensamos en una ciudad de cine rápidamente nos viene a la cabeza, seguramente por las numerosas veces que ha sido representada en la gran pantalla, esto nos ha permitido conocer sus calles, los lugares más famosos y más visitados de la ciudad, su cultura, su gente…Nos da la sensación de conocerla al dedillo sin ni siquiera haber pisado sus aceras ni una vez. Y eso es lo que me pasaba a mí con esta ciudad antes de visitarla, la he visto tantas veces a través de la pantalla que me parecía haber estado allí mil veces, haber recorrido sus calles, comido en sus restaurantes, haber paseado por central Park o escuchado jazz en alguno de sus clubs. Y es que el cine me ha hecho amar algo que ni siquiera conocía en persona. Cuando por fin pude viajar hasta Nueva York y la pisé por primera vez, todo me sonaba, sentía que estaba en un sitio familiar y cercano a mí, pero esta vez sin una pantalla de por medio. Por ello no podía elegir otra ciudad para este trabajo.
MANHATTAN (Woody Allen 1979)
Muchos directores han trasladado sus historias a la gran manzana: Martin Scorsese, Billy Wilder, Francis Ford Coppola…pero si tenemos que quedarnos con un nombre ese es Woody Allen. Nadie ha retratado tantas veces esta ciudad, la cual es protagonista de buena parte de su filmografía, pero por encima de todas hay una película que demuestra el verdadero amor que el director siente hacia ella, y esa e Manhattan.
“Capitulo primero: Adoraba Nueva York…, era su ciudad y siempre lo sería”.
Así comienza esta extraordinaria película, mientras vemos unas maravillosas imágenes de Manhattan en blanco y negro que aportan un ambiente clásico y antiguo, acompañadas de “Rhapsody in blue” de George Gershwin, para darle una épica y una imagen imponente a la ciudad.
Estamos ante una de las obras más conocidas y reconocidas de su director. Todo un homenaje y una declaración de amor a su ciudad.
Con Manhattan, Allen no sólo hace un retrato de la ciudad de Nueva York, también de la gente que vive en ella, a través de una historia sencilla, un “chico conoce a chica”, con todos los gustos, fobias, manías, aficiones y la vida de este genial autor. No hay un hilo narrativo claro. En ella se habla de amores y desamores, dudas y desengaños, acompañados por la ironía y la reflexión habituales en el director, además de los largos diálogos o discursos propios de los personajes de Allen. Durante el metraje acompañamos a los protagonistas por escenarios como el MOMA, Planetarium, Central Park, o el restaurante Elaine´s...Nos da una visión grandiosa, hermosa, moderna y acogedora de la ciudad, pero también algo ruidosa y agobiante, convirtiéndose en otro protagonista más de la película.
La película está llena de planos inolvidables. Sin duda el más recordado es la imagen de los personajes de Woody Allen y Diane Keaton, Isaac y Mary, debajo del puente de Queensboro. Tras dar un largo paseo por la ciudad, ambos acaban sentados en un banco mientras observan el famoso puente que cruza el río Hudson y une Manhattan con Brooklyn y Queens. La imagen es preciosa, donde, en medio de la oscuridad sólo podemos apreciar las siluetas de ambos, levemente alumbrados por la luz de la luna, mientras contemplan la inmensidad de la ciudad, que desde allí parece tranquila, como si descansara, transmitiendo una gran paz.
A lo largo de la historia vamos recorriendo los distintos rincones de la ciudad impregnándonos de su espíritu. Visitas al museo Gugenheim o al Metropolitan, cenas en restaurantes como Zabar’s, la John’s Pizzeria o el Russia Tea Room, o una romántica cita en el planetario Hayden del Museo de Historia Natural. Además de una parada en la librería Rizzoli para echar un ojo mientras Isaac se plantea si podrá ganarse la vida como escritor, qué mejor sitio que éste.
Central Park también tiene un gran protagonismo en varias ocasiones de la película. Primero, Isaac y su joven novia Tracy disfrutan de paseo en coche de caballos en plena noche. La cámara está colocada en el coche y enfoca hacia el parque, retratando un paisaje precioso rodeado de naturaleza e iluminado por la luces de esta gran ciudad, y haciéndonos partícipes de la escena, como si por un momento fuéramos nosotros los que viajamos en ese coche. Más adelante Isaac volverá al parque, esta vez acompañado por Mary compartiendo un paseo en barca en el lago.
Cada sitio, cada rincón es retratado tal y como es, sin decorados o retoques, si visitamos alguno de ellos nos los encontraríamos tal y como se muestra en la película. Porque eso es lo que pretende Allen, mostramos Nueva York tal y como es, una ciudad real, con su ajetreo y su ruido, pero con toda la belleza y la luz que desprende, quedando patente el amor y la pasión que el director siente por ella.
Y todo ese amor y esa pasión se transmiten al espectador, y en mi caso hace que desde que vi la película y otras de Woody Allen, sienta una gran atracción por esta ciudad y no hay día que pase en que no quiera volver a visitarla.

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BIBLIOGRAFÍA

BECERRA VANEGAS, S. (2012). Coordenadas de espacio-tiempo: Introducción a la Bogotá Fílmica, o el deber de la memoria. En A. m. Bogotá, Bogotá Fílmica. Ensayos sobre cine y patrimonio cultural. Bogotá.

WEBGRAFÍA
– Traveler:
http://www.traveler.es/viajes/viajes-urbanos/articulos/nueva-york-segun-woody-allen-i/4339
– IMBD:
http://www.imdb.com/title/tt0079522/?ref_=nv_sr_1

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